jueves, 31 de enero de 2008

Cabaret, Congal, Putero, Table Dance, Men’s Club, Night’s Club, Pelotero, Tugurio, Pelodromo.

Por. Christopher Argudin
Martes. Tres de la mañana. Este negocio se llama “New Orleáns”; para entrar, es necesario que un sujeto de seguridad examine que las personas no traigan armas o drogas. A las mujeres no las revisan.

Está oscuro. Los ángeles y las hadas pintadas de color neón brillan sobre el tapiz negro. Como parte de la iluminación, del bastidor cuelga una esfera de espejos en forma hexagonal que no para de girar .La pista de baile es un tangram de piso laminado que simula ser duela de pino color amarillo. Un tubo de casi tres metros de altura ocupa el centro del escenario. Dos parejas bailan en diminutas ropas, ellas, cubriendo apenas sus secretos ínfimos, ellos, con una borrachera que quizá no sepan cuánto pagarán por esa gustosa pieza de baile. La ventaja es que se puede pagar la cuenta empeñando joyas o relojes, por si salen gastos no contemplados.

Faldas a la mitad de las nalgas, leotardos transparentes, pantalones tipo sado, blusas blancas, abrigos negros de terciopelo, medias de red, busties, zapatos o botas con sus respectivas plataformas y maquillajes marcados en caras que disfrazan alegría mediante risas sardónicas, con la única condición de que “todas somos mujeres de verdad”.
“¡¡¡Fuera luces, desde Colombia para el mundo... Mónica!!!”.La combinación de luces azules, moradas y negras refleja en su piel algunas cicatrices, hechas, quizá, al defenderse de alguien; o por no fijarse en la dirección del rastrillo.

Zombie, canción de “The Cranberries”, suena de fondo al iniciar su show de manera lenta y suave frente al espejo que no ha dejado de mirar desde que salió. Ríe sensual y clava su mirada en la persona con quien lleva toda la noche, el que pagará 150 pesos por cada cerveza o copa que ella se ha tomado.
Termina su primera pieza. De pronto comienza la tonalidad intensa y roja sobre el escenario; la canción se llama Culo, del grupo “Pitt Bull”; un estilo creado en Puerto Rico llamado Reggaetón.
Mónica comienza a trepar el tubo con maestría, se sujeta con las piernas y baja en espiral sólo con la fuerza de los muslos. Comienza a quitarse la ropa pieza por pieza. Es alta, morena, delgada, y sus ojos son impresionantes: verdes y grandes.
Su cuerpo es similar al de Venus de Boticceli, 6 chavos con aspecto de cholos, lo admiran con asombro; Mónica besa a uno de ellos, lo ve con desdén y sigue, el escenario es suyo, las arrugas de la cien delatan experiencia, lo suficiente para ser la estrella de la noche, y por supuesto, ganar lo doble que las demás. Dice que le gusta ser una puta y que no tiene inconveniente en contármelo. “Finalmente, a mí me gusta el dinero y aquí se gana mucho”.

En este lugar Mónica es la que más vende, el mejor cuerpo, por eso tiene el privilegio de bailar sola; cada 10 minutos hay show, dos chicas en la pista y dos canciones, una para exhibir lo sensual que las hace ver su diminuta ropa, y otra para quitársela.
El cliente puede convivir con la que más le guste; besarla, tocarla, cantarle al oído, contarle sus penas, recitarle un poema o invitarla a pasar un fin de semana en Acapulco, por ejemplo, lo único prohibido son los golpes. Hay algunos que piden un privado, que es un servicio en el que la chica baila y se desnuda en las piernas del cliente a solas, pero sólo baile. El privado se hace en un cuarto pequeño ubicado en la planta alta del negocio y cuesta 250 pesos.
New Orleáns es pequeño y barato a comparación de otros. La fiesta termina hasta las 9 o 10 de la mañana o “hasta que el cuerpo aguante”.

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